Quiero pedirle perdón a los monos por traerlos a este lio en el cual ellos no tienen nada que ver, pero necesitaba un título, aunque dicen que son los perros los de la conducta mencionada. Cuando estudiaba mi secundaria me daba mucha tristeza la muerte de cualquier persona, y más si era una persona de mi misma edad, y hoy día el dolor me embarga aun más, sabiendo que cada día que pasa es un día más de vida, pero también es un día que me acerco al fantasma de la hoz.
El par de señoras que salen en primer lugar en la fotografía no están participando en una caminata del gobierno de la alegría, ellas están en la marcha fúnebre de el hijo del de la derecha, la cual vive en Guarenas pero llevaba a su hijo a Chacao a unas protestas que de pacíficas no tienen nada, y allí por el mal manejo de un explosivo el chamito perdió la vida.
Para nadie es un secreto que muchos llegan allí cual mercenarios, pagados por factores de poder económico que anhelan poder regalar las reservas de hidrocarburos y minerales a las grandes corporaciones saqueadoras que desean enriquecerse aun más de algo que no les pertenece y que gracias a Hugo Chávez hoy es del pueblo venezolano.
Esta persona no carga una pena, por su expresión se sacó un premio a raíz del sacrificio de su hijo, ella piensa que los que hoy le alaban a su hijo como un héroe, los que lo llevaron a un paredón y lo mataron, le dijeron que sus acciones tumbarían un gobierno y cada día lo fortalecen más; lo van a mantener en el altar que hoy lo tienen durante mucho tiempo; para ellos será una moda, que durará lo que cualquier canción de reguetón dura en el mercado... Mañana saldrá otra vaina en la que ocuparán su intoxicado cerebro y pasará al olvido como el tonto útil que les dio notoriedad por un ratico.
Desde esta trinchera estamos estudiando las acciones legales que tomaremos, tanto contra las personas que le colocaron esos explosivos al chamito para que atentara contra la vida de los cuerpos policiales, como contra la madre que teniendo la responsabilidad de educar a un menor de edad, lo saca a la calle a servir como carne de cañón para satisfacer las ínfulas de grandeza de un sector de la oposición cada vez más enfermo.
